miércoles, 9 de mayo de 2018

Mi reflexión de un Martes a las 2 de la mañana

En ocasiones hay libros que desgarran el alma. Hay libros de esos que te abren en canal, te hurgan en lo más profundo y te vuelven a sacar al exterior partes que ya tenías más que enterradas. Libros que te destapan viejas heridas para echarles agua con sal.

Esto ocurre especialmente cuando ves una parte de ti dentro de una historia. Cuando ves parte de tus sentimientos reflejados en forma de papel y letra. Y puede llegar a doler. Es cierto eso que dicen de que nadie sale ileso de un buen libro. Y no tiene por que ser bueno... Tiene que tener parte de ti.

Hoy he acabado una saga sobre una chica en la que he visto muchas partes de mi. Y, joder, cómo me ha dolido. Me ha recordado facetas de mi que ya tenía más que olvidadas. Me ha recordado cuando una vez... quise creer. Y lo quise con todo mi ser. Claro está que no pude.

Mas de 1000 páginas de amor desgarrador del que te hace temblar hasta el alma. 1000 páginas de una de esas historias con reproches y reconciliaciones salvajes. 1000 páginas de necesidad inconsolable, de anhelo desmedido. Y 1000 páginas de intentar que algo salga bien... cuando todos sabemos que eso es, a veces, imposible. Y eso es lo que más duele: el ver que en ciertas ocasiones (como en esta historia) si podría haber funcionado.

¿Pero cómo iba a hacerlo en la vida real? ¿Cómo se puede querer creer en algo cuando una cosa tan importante como la confianza está hecha añicos?

Hoy me he visto en Valeria. En la Valeria indefensa y vulnerable; y en una Valeria con miedo a creer y a sufrir por ello. Y todo esto me ha recordado a algo que no quiero ser, pero fui durante mucho tiempo. Ya no quiero ser todas esas cosas. Yo quiero ser fuerte como a partir de ahora estará marcado para siempre en mi costado. Y me entristece saber que para ello tengo que dejar de preguntarme el tan famoso "qué habría pasado si".

Me entristece saber que, como Valeria un día, yo también me sentí sobrellevada y apabullada con tanta emoción y tanto amor desenfrenado. Y me entristece saber que ya que mi vida no es un cuento, prefiero cambiar las grandes emociones, las que te vuelven loca... por otras menos intensas pero en las que sí pueda creer sin salir destrozada en el camino.

Supongo que eso es lo que pasa con las grandes emociones... no dejan a nadie indiferente en el camino. Es imposible, al igual que pasa con los libros, salir entero y sin heridas de guerra.

Supongo que a esto se le llama crecer. A saber que dos trenes de mercancías acaban chocando inexorablemente a no ser que vayan en direcciones opuestas. Y a aprender a vivir con ello.

jueves, 12 de abril de 2018

El filo de tu boca

Que ya he decidido que no puedo salvarte. 
Ni a ti, 
ni a nadie. 
Que necesito que me salven a mí por una vez en la vida.

Lo tengo muy claro.

Y entonces...
esbozas esa medio sonrisa, tan tuya. 
Y me caigo por el filo de tus labios. 
Me tiro por ese precipicio que es tu sonrisa. 
Me dejo ir, 
me pierdo.

Se me olvida que quiero salvarme; 
lo único que necesito es vivir en tu boca. 
No se me ocurre lugar mejor
donde perderme;
y quizás...
volver a encontrarme.

Quién sabe si para salvarse
lo único que hay que hacer es
caer
al vacío.

Caer...
por el filo de tu boca.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Café caliente

Ya es primavera. Cualquiera lo diría... Un manto de nubes grises llora y cubre el cielo. Es sábado y he decidido levantarme pronto. Ya no hay calefacción y disfruto con los pequeños placeres. 

Estoy sentada en la cocina con mi pijama favorito: tu camiseta, tu olor y tus caricias encima.  Café caliente en mano y yo perdida en la lluvia. Cierro los ojos y disfruto de esta sensación, de mi piel erizada del frío y del recuerdo de tus manos no dándome tregua tan solo unas horas atrás.

Parece que la situación no podría mejorar... hasta que llegas tú, en silencio. Me apartas el pelo del cuello y te acercas. Me das un sencillo beso en ese lugar secreto que tan bien ya conoces a sabiendas de que con tan sólo eso, yo ya estoy perdida.

Sabes que no soy una persona de mañanas y lo mucho que me gusta la lluvia... así que sin mediar una palabra me levantas, ocupas mi lugar y me coges. Me pones en tu regazo, mi sitio favorito del planeta tierra, y ya no hay frío... pero sí que sigue mi piel erizada, siempre has sabido causar esa sensación en mi. 

Entrelazas tus manos con las mías y te quedas a vivir en ese rincón de mi cuello que ya se sabe tuyo. Y vemos un rato llover... hasta que entre los dos dejamos en ridículo al calor del pobre y triste café. Ahora la lluvia será testigo. Y quizás algún vecino también. Hemos creado primavera en la cocina. Creo que a partir de ahora será mi estación favorita. 


domingo, 25 de marzo de 2018

Crecer

Creo que he soportado el dolor más profundo que nunca imaginé. Sí, ese que se describe en tantas canciones y poemas como  el más desgarrador. Ese tipo de dolor que literalmente te desarma por dentro y te hace pedazos el alma. Ese que hace posible que la frase “le rompieron el corazón” sea algo real, posible y tangible. Nunca piensas que te pueda llegar a ti, que te vayas a convertir en el protagonista de tan triste escena. Y entonces el día llega. Y escuchas mientras te clavan los ojos en las entrañas algo así como “no te quiero lo suficiente” y en ese preciso instante, todo se desvanece y nada parece ya importar. Yo lo llamo la crueldad de las palabras. Cómo 9 sílabas pueden cortar más que el más afilado de los cuchillos. 

Creo que he soportado el dolor más profundo que nunca imaginé. Lo he soportado y lo he superado. Me ha hecho más fuerte y tras una larga lucha por fin puedo decir qué he recompuesto todos los pedazos. Me he levantado y me he sacudido el polvo, he dado mis primeros pasos, más segura que nunca. Estoy lista para volver a entregarlo, de una pieza y sin tiritas. Y sobretodo sin tener que suspirar después: “oh, ahí va mi pobre corazón”.


lunes, 29 de enero de 2018

Como una bella herida

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"Querido David, Hace mucho que no sabemos nada el uno del otro y he tenido el tiempo que necesitaba para pensar en mí.
¿Recuerdas cuando me dijiste que deberíamos vivir juntos y ser infelices para poder ser felices? Considera una prueba de lo mucho que te quiero el haber pasado tanto tiempo desgastándome en el intento para ver si funcionaba. Pero…una amiga me llevó a un sitio impresionante el otro día, se llama el Augusteum (Octavio Augusto lo construyó para que albergara sus restos). Cuando llegaron los bárbaros lo arrasaron, junto con todo lo demás. El gran Augusto, el primer Gran Emperador de Roma, ¿cómo podría haber imaginado él que Roma, o lo que para él era el mundo entero, acabaría un día en ruinas? 
Es uno de los lugares más silenciosos y solitarios de Roma, la ciudad ha ido creciendo a su alrededor durante siglos, es como una…bella herida, es como un desengaño amoroso al que te aferras, por el placer del dolor. Todos queremos que…nada cambie, David. Nos conformamos con vivir infelices porque nos da miedo el cambio, que todo quede reducido a ruinas, pero al contemplar ese sitio, el caos que ha soportado, la forma en la que ha sido adaptado, incendiado, saqueado y luego hallado el modo de volverse a levantar…me vine arriba; A lo mejor mi vida no ha sido tan caótica, y es el mundo el que lo es y el único engaño es intentar aferrarse a ella a toda costa. Las ruinas son un regalo, las ruinas son el camino a la transformación.
Incluso en esta ciudad eterna, el Augusteum me ha enseñado que debemos estar siempre preparados para infinitas oleadas de transformación; los dos nos merecemos algo más que estar juntos por tener miedo a sufrir si lo dejamos."



Texto película Come, reza, ama

sábado, 27 de enero de 2018

Nieve

Hoy he visto la nieve caer sobre exactamente la misma montaña en la que la vimos deshacerse aquella vez. Por arte y obra del destino caían los copos sobre ese mismo pico, aquel que mirábamos, asombrados, desde el otro lado de la ventana de aquella habitación de hotel. Y me han invadido los recuerdos, tan claros como la misma nieve que cae y caía entonces. 
Me acuerdo de ti, mirándome con esa sonrisa de pillo, con esos ojos azul infinito y esas ganas de tener cada centímetro de mí. 
Siempre tan insaciable, así eras tú, mío.
Me acuerdo de esa mirada y de todo lo que vino después, de cómo hubiéramos sido capaces de derretir toda la nieve si la hubiésemos tenido más cerca.
Parece que si me esfuerzo un poco hasta siento el calor por mis venas, tu boca en mi espalda y tus manos en mi ombligo. Nos siento jóvenes, con unas ganas qué superaban con creces todos los miedos. 
Y si afino aún más el recuerdo... te veo, quieto, mirándome como si fuera un sueño y me fuera a romper. Ojalá me volvieran a mirar así, dándome vida. 
Y yo... yo te miraba después, y reía... y te daba todo lo que podía ofrecerte de mi. Todo lo que tenía en ese momento y en esa habitación de hotel que entre ambos hicimos épica. Me entregaba a ti. Y tu me hacías tuya centímetro a centímetro, surco a surco, lunar a lunar. 
Me acuerdo de la ingenuidad, de la belleza pura una vez más como la de la montaña, aún sin romper. Todo era posible entre aquellas 4 paredes. Me acuerdo... 

y ojalá no fuera sólo otro recuerdo más. 

jueves, 28 de diciembre de 2017

Some dreams

A veces tengo un sueño repetido. Es un sueño silencioso. De actos y no de palabras.

Siempre tiene el mismo principio y el mismo final. En algunas ocasiones, cambia el escenario.

Se trata de dos personas, desesperadas, que se encuentran tras mucho tiempo. Mucho tiempo de espera, de búsqueda y de necesidad. Se encuentran e irrevocablemente tienen que acercarse, como si estuvieran unidas por una extraña conexión. La atracción de los cuerpos. Y cuando se acercan y por fin se unen... qué decir...  Se acaba el mundo y se para tiempo. Dos cuerpos que se deshacen de ganas y de anhelos. Dos cuerpos que se funden ahogando la larga espera, sabiendo el poco tiempo que les queda por delante antes de que llegue su hora. Se estremecen dejando brotar cada sentimiento de culpa, de ansia y de deseo al son de cada embestida. Entonando sueños imposibles. Sentimientos cohibidos que por fin salen a la luz, brotan de la piel y se mezclan entre el sudor y las lágrimas.

Y finalmente, se acaba y ocurre así, sin previo aviso. Sale el sol y la imagen cambia de repente. Ellos se van, pero cada uno en una dirección diferente. Siempre el mismo final, la misma sensación amarga.  Ese pudo ser y no fue. Y entonces, la veo a ella. Y se que se queda con el hambre en los labios y el ansia en los dedos, en unos labios que gritan desesperados pidiendo más... Pero ya no hay nadie allí para escucharlos.

Me doy la vuelta al despertarme y la almohada está mojada.