jueves, 23 de febrero de 2012
LOS CUATRO ELEMENTOS
Mírame bien porque esto que ves no es una sola persona. Mírame a fondo porque aquí están todos los que me amaron y a los que alguna vez amé.
Ellos me han hecho quien soy. Ellos me han querido, me han dejado y me han dejado dejarles. Ellos me han arrastrado por todos los estados del corazón, y, gracias a ellos, hoy conozco muy bien los cuatro elementos de la materia efectiva.: enamorarse, estar enamorado, querer y amar.
Enamorarse es fuego. Un proceso que todo lo quema y todo lo consume, sobre todo a quien lo profesa. Como toda autocombustión, afortunadamente no dura para siempre. Nadie sobreviviría mucho tiempo a esa ceguera, a esa falta de cordura, a ese cerrazón. Pero tampoco sabríamos cicatrizar sin haberla sufrido nunca. ¿Quién no ha sido nunca un pirómano por amor? ¿Quién no ha fingido poder controlarlo? ¿Quién no ha negado lo que era evidente?
En esta hoguera de las banalidades, la madera que más prende es la fantasía, las llamas se tiñen todas de rojo pasión, el humo que nos ciega resulta extremadamente tóxico, y hay que andarse con ojo, pues los celos son sus cenizas.
Estar enamorado, en cambio, es aire. Oxígeno. Inspiración. Llenar el corazón de sangre nueva. Sacarlo a tomar el fresco. Abrir sus ventanas y dejar que corra el aire, que entre la luz. Todo huele a nuevo, a necesario, a conveniente. En esta apartada orilla se respira mucho mejor, dónde va a parar.
Como toda brisa, el principio es totalmente inofensivo, pero si se nos va de las manos y dejamos que venga racheada, puede estar anunciando tormenta o incluso acabar en huracán. Por eso es importante que se levante con cierta frecuencia a un ritmo constante, lindo y suavesito. Que empuje sí, pero que no despeine.
Querer es tierra, posesión y pertenencia. Delimitación, frontera y exclusión. O quieres conmigo o quieres contra mí. Hectáreas de deseos mezquinos y egoístas. Por eso es peligroso querer mucho y sin control, porque aquello que quieres, tarde o temprano, te acabará poseyendo.
Las vallas son muy frecuentes cuando se quiere así. Rígidas normas y controles de seguridad, vigilancia veinticuatro horas en forma de leyes morales y miedo, mucho miedo a perder lo que uno tiene. Lo que a este amor le falta es justo lo que lo acabará estrangulando: su libertad.
Por eso, amar es agua. La combinación estable y perfecta entre la energía del hidrógeno y la vida del oxígeno. Unidos pero flexibles. Cohesionados, pero adaptables. En otra palabra, contradictorios. Fluir sin voluntad de correr, liberar con intención de atrapar, vivir el futuro como si acabase ayer.
Peligros, todos los que te puedas imaginar: la tensión superficial, que mantiene una impermeabilidad ficticia; las corrientes, que nos pueden arrastrar sin darnos cuenta adonde no queremos estar; y la temperatura de ebullición, porque aunque no lo parezca, si te descuidas, también esto puede hervir... y evaporarse.
jueves, 9 de febrero de 2012
a la tercera va la vencida
Saber que soy el motivo de esa sonrisa que se dibuja en tu cara, que me tengas como la primera y que me digas sexy mientras me rozas con tus labios. Que me cuentes que te encanta cuando hacemos el amor. Que me hagas de rabiar para aplastarme entre tus brazos diez segundos después y que sea incapaz de resistirme. Que no conozcas la palabra egoísmo y que sepas volverme loca con tus manos mejor que nadie en este mundo. Que saques de mí esa faceta que tenía oculta, por miedo a fracasar y que, pase lo que pase, siempre estés ahí, con tu cara de niño dispuesto a todo.
No se puede pedir más.
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