A veces tengo un sueño repetido. Es un sueño silencioso. De actos y no de palabras.
Siempre tiene el mismo principio y el mismo final. En algunas ocasiones, cambia el escenario.
Se trata de dos personas, desesperadas, que se encuentran tras mucho tiempo. Mucho tiempo de espera, de búsqueda y de necesidad. Se encuentran e irrevocablemente tienen que acercarse, como si estuvieran unidas por una extraña conexión. La atracción de los cuerpos. Y cuando se acercan y por fin se unen... qué decir... Se acaba el mundo y se para tiempo. Dos cuerpos que se deshacen de ganas y de anhelos. Dos cuerpos que se funden ahogando la larga espera, sabiendo el poco tiempo que les queda por delante antes de que llegue su hora. Se estremecen dejando brotar cada sentimiento de culpa, de ansia y de deseo al son de cada embestida. Entonando sueños imposibles. Sentimientos cohibidos que por fin salen a la luz, brotan de la piel y se mezclan entre el sudor y las lágrimas.
Y finalmente, se acaba y ocurre así, sin previo aviso. Sale el sol y la imagen cambia de repente. Ellos se van, pero cada uno en una dirección diferente. Siempre el mismo final, la misma sensación amarga. Ese pudo ser y no fue. Y entonces, la veo a ella. Y se que se queda con el hambre en los labios y el ansia en los dedos, en unos labios que gritan desesperados pidiendo más... Pero ya no hay nadie allí para escucharlos.
Me doy la vuelta al despertarme y la almohada está mojada.
jueves, 28 de diciembre de 2017
martes, 12 de diciembre de 2017
Todos estamos un poco rotos por dentro
Hay veces en las que apetece tirar la toalla. Tras 37 intentos de avanzar, seguir, rehacer lo deshecho y recomponer los trozos; una ya se cansa de ponerse en pie y curarse las heridas tras haber vuelto a fallar. Y no es solo fallar en sí, es repetir una y otra vez los mismos errores, los mismos golpes en exactamente los mismos sitios. Reabrir las mismas heridas, parar su camino hacia la cicatrización.
Las ilusiones tan rotas que hasta cuesta encontrar los indicios de aquello que un día fue grande, bonito y con todos sus trozos.
Supongo que será todo acostumbrarse, hacerse a los diferentes tonos de gris de la paleta que ahora pinta mi vida.
Hacerse a la desesperanza, a esta sin razón.
Y supongo que tendré que quedarme en el suelo, esperando a ese brazo que tire de mi. No puedo permitirme volver a hacerlo sola, no tengo de donde sacar las fuerzas. Ya no me quedan. No puedo volver a hacerlo, volver a levantarme para volver a caer. Repetir el mismo proceso. Duele demasiado.
Las ilusiones tan rotas que hasta cuesta encontrar los indicios de aquello que un día fue grande, bonito y con todos sus trozos.
Supongo que será todo acostumbrarse, hacerse a los diferentes tonos de gris de la paleta que ahora pinta mi vida.
Hacerse a la desesperanza, a esta sin razón.
Y supongo que tendré que quedarme en el suelo, esperando a ese brazo que tire de mi. No puedo permitirme volver a hacerlo sola, no tengo de donde sacar las fuerzas. Ya no me quedan. No puedo volver a hacerlo, volver a levantarme para volver a caer. Repetir el mismo proceso. Duele demasiado.
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