lunes, 29 de enero de 2018

Como una bella herida

Si vas a leer esto... Dale al play primero:









"Querido David, Hace mucho que no sabemos nada el uno del otro y he tenido el tiempo que necesitaba para pensar en mí.
¿Recuerdas cuando me dijiste que deberíamos vivir juntos y ser infelices para poder ser felices? Considera una prueba de lo mucho que te quiero el haber pasado tanto tiempo desgastándome en el intento para ver si funcionaba. Pero…una amiga me llevó a un sitio impresionante el otro día, se llama el Augusteum (Octavio Augusto lo construyó para que albergara sus restos). Cuando llegaron los bárbaros lo arrasaron, junto con todo lo demás. El gran Augusto, el primer Gran Emperador de Roma, ¿cómo podría haber imaginado él que Roma, o lo que para él era el mundo entero, acabaría un día en ruinas? 
Es uno de los lugares más silenciosos y solitarios de Roma, la ciudad ha ido creciendo a su alrededor durante siglos, es como una…bella herida, es como un desengaño amoroso al que te aferras, por el placer del dolor. Todos queremos que…nada cambie, David. Nos conformamos con vivir infelices porque nos da miedo el cambio, que todo quede reducido a ruinas, pero al contemplar ese sitio, el caos que ha soportado, la forma en la que ha sido adaptado, incendiado, saqueado y luego hallado el modo de volverse a levantar…me vine arriba; A lo mejor mi vida no ha sido tan caótica, y es el mundo el que lo es y el único engaño es intentar aferrarse a ella a toda costa. Las ruinas son un regalo, las ruinas son el camino a la transformación.
Incluso en esta ciudad eterna, el Augusteum me ha enseñado que debemos estar siempre preparados para infinitas oleadas de transformación; los dos nos merecemos algo más que estar juntos por tener miedo a sufrir si lo dejamos."



Texto película Come, reza, ama

sábado, 27 de enero de 2018

Nieve

Hoy he visto la nieve caer sobre exactamente la misma montaña en la que la vimos deshacerse aquella vez. Por arte y obra del destino caían los copos sobre ese mismo pico, aquel que mirábamos, asombrados, desde el otro lado de la ventana de aquella habitación de hotel. Y me han invadido los recuerdos, tan claros como la misma nieve que cae y caía entonces. 
Me acuerdo de ti, mirándome con esa sonrisa de pillo, con esos ojos azul infinito y esas ganas de tener cada centímetro de mí. 
Siempre tan insaciable, así eras tú, mío.
Me acuerdo de esa mirada y de todo lo que vino después, de cómo hubiéramos sido capaces de derretir toda la nieve si la hubiésemos tenido más cerca.
Parece que si me esfuerzo un poco hasta siento el calor por mis venas, tu boca en mi espalda y tus manos en mi ombligo. Nos siento jóvenes, con unas ganas qué superaban con creces todos los miedos. 
Y si afino aún más el recuerdo... te veo, quieto, mirándome como si fuera un sueño y me fuera a romper. Ojalá me volvieran a mirar así, dándome vida. 
Y yo... yo te miraba después, y reía... y te daba todo lo que podía ofrecerte de mi. Todo lo que tenía en ese momento y en esa habitación de hotel que entre ambos hicimos épica. Me entregaba a ti. Y tu me hacías tuya centímetro a centímetro, surco a surco, lunar a lunar. 
Me acuerdo de la ingenuidad, de la belleza pura una vez más como la de la montaña, aún sin romper. Todo era posible entre aquellas 4 paredes. Me acuerdo... 

y ojalá no fuera sólo otro recuerdo más.