miércoles, 28 de marzo de 2018

Café caliente

Ya es primavera. Cualquiera lo diría... Un manto de nubes grises llora y cubre el cielo. Es sábado y he decidido levantarme pronto. Ya no hay calefacción y disfruto con los pequeños placeres. 

Estoy sentada en la cocina con mi pijama favorito: tu camiseta, tu olor y tus caricias encima.  Café caliente en mano y yo perdida en la lluvia. Cierro los ojos y disfruto de esta sensación, de mi piel erizada del frío y del recuerdo de tus manos no dándome tregua tan solo unas horas atrás.

Parece que la situación no podría mejorar... hasta que llegas tú, en silencio. Me apartas el pelo del cuello y te acercas. Me das un sencillo beso en ese lugar secreto que tan bien ya conoces a sabiendas de que con tan sólo eso, yo ya estoy perdida.

Sabes que no soy una persona de mañanas y lo mucho que me gusta la lluvia... así que sin mediar una palabra me levantas, ocupas mi lugar y me coges. Me pones en tu regazo, mi sitio favorito del planeta tierra, y ya no hay frío... pero sí que sigue mi piel erizada, siempre has sabido causar esa sensación en mi. 

Entrelazas tus manos con las mías y te quedas a vivir en ese rincón de mi cuello que ya se sabe tuyo. Y vemos un rato llover... hasta que entre los dos dejamos en ridículo al calor del pobre y triste café. Ahora la lluvia será testigo. Y quizás algún vecino también. Hemos creado primavera en la cocina. Creo que a partir de ahora será mi estación favorita. 


domingo, 25 de marzo de 2018

Crecer

Creo que he soportado el dolor más profundo que nunca imaginé. Sí, ese que se describe en tantas canciones y poemas como  el más desgarrador. Ese tipo de dolor que literalmente te desarma por dentro y te hace pedazos el alma. Ese que hace posible que la frase “le rompieron el corazón” sea algo real, posible y tangible. Nunca piensas que te pueda llegar a ti, que te vayas a convertir en el protagonista de tan triste escena. Y entonces el día llega. Y escuchas mientras te clavan los ojos en las entrañas algo así como “no te quiero lo suficiente” y en ese preciso instante, todo se desvanece y nada parece ya importar. Yo lo llamo la crueldad de las palabras. Cómo 9 sílabas pueden cortar más que el más afilado de los cuchillos. 

Creo que he soportado el dolor más profundo que nunca imaginé. Lo he soportado y lo he superado. Me ha hecho más fuerte y tras una larga lucha por fin puedo decir qué he recompuesto todos los pedazos. Me he levantado y me he sacudido el polvo, he dado mis primeros pasos, más segura que nunca. Estoy lista para volver a entregarlo, de una pieza y sin tiritas. Y sobretodo sin tener que suspirar después: “oh, ahí va mi pobre corazón”.