martes, 7 de junio de 2011


17 de Septiembre de 2005, lo recuerdo como si fuera ayer. Cientos de caras nuevas, un lugar desconocido y los clásicos nervios del primer día. Era mi entrada en el Colegio San Fernando por primera vez.

Desde entonces han pasado casi seis años, y mi paso por aquí está a punto de acabar. Aquellas caras nuevas son ahora buenos y buenas compañeras y además algunas se han convertido en amigas de verdad, de esas de las que no podría prescindir de aquí en adelante. Lo que en su día me había parecido un gran laberinto en el que perderme era lo más sencillo que podía hacer (reconozcamos que esto es enorme), ahora se ha convertido en un lugar básico de mi vida, que me conozco de ‘pe a pa’ de haber recorrido tantas veces y que aunque todos digamos que no, echaré mucho de menos. Echaré de menos cosas sencillas como las prisas de subir corriendo para no llegar tarde; los recreos llenos de hazañas con mis compañeros, que se pasaban tan sumamente deprisa; la tensión existente en clase en el horrible momento en el que un profesor va a preguntar la lección y ninguno sabíamos quién iba a ser la víctima; los nervios de antes de un examen; las excursiones, vistas por nosotros como los mejores días del año; y muchas cosas más…

Y hablando de tanto, son muchas las lecciones que hemos aprendido entre las paredes de este colegio, y no solo hablo de lecciones de clase, sino también de lecciones sobre la vida. Este colegio ha sido testigo de nuestro cambio de niños a adultos. Ha contribuido, y con la palabra colegio me refiero a todas las personas que vienen implícitas en él, en nuestra transformación a personas.

A tan solo mes y medio del final, es parar a pensarlo y no poder evitar que un escalofrío recorra mi cuerpo. Todos los momentos que se van. Toda una etapa que se acaba. Todo lo que estamos dejando atrás casi sin darnos cuenta…

Para terminar me gustaría, cómo no, dar las gracias por estos seis años a todas las personas, alumnos y profesores, que han recorrido este camino a mi lado. Por algún pequeño detalle, una clase de valores, unas cuantas lecciones e innumerables momentos, yo soy lo que soy ahora. Por haber pasado por aquí, ahora soy esta persona que podéis cruzaros por el pasillo. Espero que todos los que no habéis pensado en esto todavía, no tardéis mucho en daros cuenta de lo que hablo. Y ya poco me queda en el tintero, que muchas gracias y que espero que dentro de un par de meses no me digáis ‘adiós’, que yo prefiero un ‘hasta luego’.

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