Me rindo al vino porque el mundo me hizo así, no puedo cambiar. Soy el remedio sin receta y tu amor, mi enfermedad. Estoy vencido porque el cuerpo de los dos, es mi debilidad. Esta vez, el dolor va a terminar.
En el paraíso se vivía mejor. Y es eso, levantarte una mañana correr la cortina, y ver la inmensidad ante tus propios ojos, el sol saliendo, el olor a vida y a libertad.
- Chèri... - Me has llamado Chéri. - Lo siento. Tienes unos ojos muy bonitos. - ¿Y sabes por qué? - ¿Porque a mi me gustan? - No, porque tienen forma de lenguado.