viernes, 30 de septiembre de 2011

whisky on the rock

En vez de fingir, o estrellarme una copa de celos, le dió por reír. De pronto me vi, como un perro de nadie, llamado a las puertas del cielo. Me dejó un neceser con agravios, la miel en los labios y escarcha en el pelo. Tenían razón mis amantes en eso de que antes el malo era yo, con una excepción, esta vez yo quería quererla querer y ella no. Asi que se fue, me dejo el corazón en los huesos y yo ...de rodillas. Desde el taxi y haciendo un exceso, me tiro dos besos...uno por mejilla. Y regresé a la maldición del cajón sin su ropa, a la perdición de los bares de copas, a las cenicientas de saldo y esquina, y, por esas ventas del fino Laina, pagando las cuentas de gente sin alma que pierde la calma con la cocaína, volviéndome loco, derrochando la bolsa y la vida la fui, poco a poco, dando por perdida. Y eso que yo, para no agobiar con flores a María, para no asediarla con mi antología de sábanas frías y alcobas vacías, para no comprarla con bisuteria, ni ser el fantoche, que va, en romería, con la cofradía del Santo Reproche, tanto la quería, que tarde en aprender a olvidarla, 19 días y 500 noches. Dijo hola y adiós y, el portazo,sonó como un signo de interrogación, sospecho que así, se vengaba a través del olvido, Cupido de mí.
No pido perdón, ¿para qué? si me va a perdonar porque ya no le importa... Siempre tuvo la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta.

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