todavía te quiero,
pero todavía sigo queriendo que te vayas,
porque el amor no es amor si está constantemente doliendo.
Y tú dolías, para qué mentir,
eras esa espina de rosa que no dejaba de clavarse ahí,
bien al fondo,
pero que era jodidamente preciosa.
Y también, para qué mentir,
volvería a clavarme esa espinita las veces que fuesen
necesarias,
y si hiciesen falta más,
más.
- Un paraguas roto - Anne Invierns -
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