martes, 2 de agosto de 2011

buenos días princesa


—Ah... me olvidaba decirte que...
—Dilo.
—... Que tengo unas ganas de hacerte el amor que no te puedes ni imaginar. Pero esto no se lo diré a nadie. Sobre todo a tí. Deberían torturarme para obligarme a decirlo.
—¿A decir qué?
—Que quiero hacer el amor contigo. No una vez solo, sino cientos de veces. Pero a tí no te lo diré nunca. Solo si me volviera loco te diría que haría el amor contigo, aquí, delante de tu casa, toda la vida.











(Si me escuchara, probablemente vomitaría)


lunes, 1 de agosto de 2011

and it suddenly starts to hurt

Soy de las que piensan que a veces la ausencia de palabras lo dice absolutamente todo.

sábado, 30 de julio de 2011





En la vida, sólo hay una cosa segura aparte de la muerte y los impuestos… No importa lo duro que lo intentes, no importa lo buenas que sean tus intenciones, vas a cometer errores. Vas a hacer daño a la gente. Van a hacerte daño. Y si quieres recuperarte… Sólo hay una cosa que puedes decir.
Perdonar y olvidar. Eso es lo que dicen. Es un buen consejo, pero no es muy práctico. Cuando alguien nos hace daño queremos devolvérsela. Cuando alguien hace que nos equivoquemos, queremos tener razón. Sin el perdón, nunca se ajustan las cuentas, las viejas heridas nunca se curan. Y lo máximo que podemos esperar es que un día, tengamos la suerte de poder olvidar.

domingo, 24 de julio de 2011


Quédate a dormir, es todo lo que quiero en esta vida insana
Quédate a dormir, que pasen 30 años antes de mañana.

sábado, 23 de julio de 2011

Blanco y en botella



Pues sí, chico

jueves, 21 de julio de 2011

I've got another confession to make

Yo ya se lo dije a mi amiga la primera vez que me atreví a hablarle del tema: ‘esto no es normal’. Él diagnóstico no era claro, ni los síntomas evidentes y no sabía si tendría cura, pero esperaba que sí con todas mis fuerzas, por mi bien y por el bien de los demás. Tampoco sabía mucho más, que se llamaba algo así como ‘bloqueo emocional’, aunque yo prefiriera llamarlo ‘bloqueo sentimental’. Pero sobre todo, si sabía algo, ya por hallazgo propio, era que te impedía decir lo que querías, cuanto querías y a quién, no te dejaba ‘querer bien’, ni ser tú misma en algunos momentos y lo peor de todo: te podía hacer perder a alguien importante.

A mi amiga siempre le gustaron mucho estos temas del corazón y de los sentimientos, por eso acudí a ella. Las palabras que salían de mi boca sonaban a total desesperación, ‘por favor, ayúdame’ le decía en mitad de la calle. Pensó que estaba loca, pero no era la primera vez, asique tampoco me importó mucho. Y ella, incluso ella, la mismísima experta en relaciones, tampoco supo qué decirme al respecto. Normal que no lo supiera, poco más tarde me di cuenta de que solo yo podría saberlo.

Ese era el quid de la cuestión, el gran problema, el bloqueo sentimental. O eso era lo que yo pensaba hasta que llegué a la raíz del asunto: el miedo. Algo tan común como eso. No es un miedo como el de la fobia a las arañas, al agua o a los espacios cerrados; es un miedo bastante peor. Es un miedo a las consecuencias de tus palabras, tus deseos o tus pensamientos, a lo que pueda pasar o a decepcionar. Miedo a perder algo (o alguien) por el simple hecho de ser tú misma. Un miedo que te cohíbe, te bloquea y te hace sentirte muy, muy tonta. Como si por dejarte ver tal y como eres completamente, todo el mundo fuera a echar a correr. ¿No es ridículo?

martes, 19 de julio de 2011

OLD HABITS DIE HARD