sábado, 2 de septiembre de 2017

A tus mentiras

Es difícil cuando llevas mucho tiempo queriendo escribir algo encontrar las palabras adecuadas. Algo que se lleva cociendo en tu interior meses, anclado con fuerza en las profundidades de tu ser. Algo íntimo, que no quiere salir, reticente a conocer al mundo exterior.

Lo cierto es que quería escribirte una carta, pero me falta valor. Siempre es complicado empezar con las cosas que duelen. Canalizar los sentimientos en forma de palabras, hacerlos tangibles, convertirlos en algo material... no es tarea fácil. Supongo que cómo todo en la vida, comenzaré por el principio.

La única y primera verdad es que dueles. Me dueles. Han pasado cosas, tiempo de ese que dicen que todo lo cura, y aquí seguimos como si nada. Son mis propios pensamientos los que en forma de penitencia acuden todos los días a recordarme lo que duele(s). El daño que, sí, todavía, me hacen tus mentiras. Y hablo en presente porque ojalá ya fuera pasado, pero aún es pronto para cambiar de tiempo verbal.
Siento los pedazos de mi que quedaron tras tantos golpes, los oígo rechinar con cada paso que intento dar. La película, tú película, no para de repetirse una y otra vez en mi cabeza... mentira tras mentira como si de fotogramas se tratase. El proceso de recomponerme está siendo mucho más difícil de lo que pensaba. Dicen por ahí que quererme a mí misma es la base para empezar cualquier cimiento y este mío no hace más que tambalearse.
Unos recuerdos que vienen y van, la jodida incertidumbre de no saber ya si eran de verdad o eran mentira. El no saber ya qué es lo que vivimos, qué tuvimos, en qué parte de mi historia comenzó todo a ser otro más de tus juegos.
Pero esto no es todo. No sólo me duele el durante,  también me duele el después. Después de estar agarrada a un clavo ardiendo, aferrada a ideas suicidas, muerta por volver a querer confiar, como esa niña inocente que algún día me enseñaron a ser, la historia se repite: vuelta a creer y a darme de bruces contra más mentiras. Tener que lidiar con tu felicidad, qué a ojos externos, parece muy de verdad. Saber que igual ahora, en brazos ajenos, quizás no sea todo mentira. Quizás ahora sí que alguien se merezca tus verdades.
No te imaginas lo que cuesta recomponer los pedazos, recoger y encontrar todas las piezas del puzzle. Muchas las había perdido por el camino... Qué te vas a imaginar tú... que le has dado los restos a otra para que los rehaga por ti.
Qué vas a saber tu de lo jodido que es mirarse al espejo todos los días y no encontrar el problema, mirarte y no reconocerte. Qué vas a saber lo que es vivir en un presente inundado del pasado. Qué vas a saber del dolor, si lo rehuyes en brazos ajenos. Qué vas a saber lo complicado que es levantarse cuando se carece de ayuda externa. Qué vas a saber lo que es que todo al final se reduzca o compare a ti. Qué vas a saber lo que se siente al ver que tus promesas, exactamente las mismas, eran predicados vacíos con sujetos fácilmente intercambiables.
No sabes nada. Pero ni tú ni nadie lo sabe. Un grito desesperado. Otra noche más de insomnio, batiendo récords de Sabina. Bandas sonoras tristes y al final, siempre la misma canción, siempre la misma pregunta, siempre el mismo desenlace. Duele, dueles, ¿cuándo pararás?


miércoles, 19 de julio de 2017

injuries

In trauma, we're concerned with one overriding question. How did this happen? What was the mechanism of injury? How do we see past the mess and confusion of the trauma to figure out what the damage actually is? Every part of a trauma tells a different piece of a story. And until you look at each and every injury, you can't see what went wrong.

We talk about the mechanism of injury, about where it all started, but the truth is, it's sort of a myth. We can't boil every injury down to one single blow. What hurts us is cumulative. It happens over time. We absorb blow after blow, shock after shock, painful hit after hit. But even then, even if we know exactly how we got here, it doesn't mean we can fix it. You can't heal every wound, and that's okay. I have to believe it's okay. I have to believe that even if something seems like it cannot be fixed, it doesn't mean it's broken.

domingo, 14 de mayo de 2017

Cuando te plantas a las 6:30 a.m. en una estación, lista "Lloreras" de Spotify con unos auriculares de estos que se te clavan hasta el lóbulo temporal y empiezas a pensar. Lo primero, qué malo es el alcohol. Lo segundo, me puede dar por varias cosas... pero cuando me da por la melancolía, no hay quien me pare. Y es que qué de momentos hemos vivido todos en estaciones... Y en aeropuertos. Y dónde queráis. Miles de veces nos hemos despedido pensando que se acaba el puto mundo, lágrima en ojo izquierdo (soy zurda) y kleenex en mano. Decir adiós es horrible. Despedirse es una tortura digna de museo de los horrores. Malditas estaciones y maldita sensación cuando te vas (o se van) de dejar algo atrás. De no saber cómo irá todo cuando vuelvas. De no saber si seguirá todo igual. Si tú serás diferente. Abrazos cargados de emoción, miradas que lo dicen todo. Cuando sobran las palabras.

También está la otra parte. La que no habla de adiós ni de despedidas. El esperar la llegada. La de los regresos, las esperas de 5 minutos que podrían ser toda una vida. Las ganas. Los nervios. El "ya está aquí ". La expectación. La parte buena. Sigues siendo tú, una maraña de nervios, un flan. La esperanza de que todo siga igual. El no saber ni qué decir. El dejad hablar a los abrazos. Qué bonita la vida, qué te vuelve a reunir.

Son las 7 de la mañana y sale el sol. Hay amaneceres y amaneceres. El sol lo pinta todo de tonos diferentes de rosa. 

 Son las 7 de la mañana y no puedo dormir.

jueves, 27 de abril de 2017

NOSTALGIA

Puede parecer tan solo una palabra llana de 3 sílabas. Y lo es, tan solo una palabra de todos los millones de ellas que contiene el diccionario. Pero, ¿cuánto puede perturbarnos una mísera palabra?¿Cuánto daño puede llegar a hacer? ¿A cuánta gente le marca la vida? Lo que ella conlleva, ese estado de ánimo tan de color azul. ¿Cuántos días vienen con su sello? Con esas 9 letras malditas que nos arañan un pedacito de alma cada vez que están ahí.

¿Cuántas cosas pueden caber en una palabra? ¿Cuánto puede llegar a abarcar?

La nostalgia es algo que se te pega en las venas más profundas y se queda ahí arraigado, peor que el más resistente de los parásitos. Es el leviatán de las emociones. Cuando te agarra, ya no te suelta. Te persigue detrás de cada canción, detrás de cada puesta de sol, detrás de cada risa. Te recuerda que antes esa canción la cantabas con una sonrisa en la cara, que ahora has cambiado por humedad en los ojos. Te recuerda que antes querías correr a no perderte ni un solo final del día en tu playa favorita, cuando ahora huyes del atardecer. Te recuerda que aunque rías, antes lo hacías más fuerte. Y te duele, te atormenta, te tortura. ¿Por qué hay que sentir determinadas cosas? La nostalgia de un pasado mejor, la imposibilidad de volver atrás en el tiempo, el temido pretérito pluscuamperfecto. ¿Y sí?

Y con cada oportunidad que le concedes a la nostalgia, la alimentas de su comida favorita, los recuerdos. Cada vez que la dejas entrar, se hace más grande. Y te das la vuelta y ahí está, pisándote los talones. Entonces empiezas a correr. Intentas huir. Escapas de ella... Pero, correr es de cobardes, ¿o no?

martes, 14 de marzo de 2017

Para qué

Todavía dueles,
todavía te quiero,
pero todavía sigo queriendo que te vayas,
porque el amor no es amor si está constantemente doliendo.

Y tú dolías, para qué mentir,
eras esa espina de rosa que no dejaba de clavarse ahí,
bien al fondo,
pero que era jodidamente preciosa.

Y también, para qué mentir,
volvería a clavarme esa espinita las veces que fuesen
necesarias,
y si hiciesen falta más,
más.

- Un paraguas roto - Anne Invierns -

domingo, 5 de marzo de 2017

No se mentir

He pasado
las últimas cien noches
recordando tu olor,
dejando la puerta abierta
por si volvías,
las luces encendidas
para guiarte hacia la cama.

He probado
la montaña rusa
más alta del mundo,
subido 3500 kilómetros
por encima de ilusiones
para sumergirme
bajo tierra
cuando finalmente
he tenido que meter en cajas
tus fotografías
con nuestras sonrisas
dibujadas en ellas.

He recordado
nuestras manías,
tus cosquillas,
aquella canción favorita,
todos esos malditos tópicos
tan típicos
que contigo
eran únicos.

He tachado de la lista
nuestros restaurantes,
eliminado los viajes pendientes,
borrado los planes de futuro,
y me he prohibido
cien mil veces
-al día-
eso de intentar saber
qué estará pasando en tu biografía.

Te he echado de menos
cada vez que tu voz
se colaba
en cualquier terraza
de la ciudad,
cada vez que alguien
trataba de llenar
el hueco que has dejado.

Me he echado de menos
a mí,
contigo,
mirarte dormir
mientras enredaba
mis dedos en tu pelo,
cantarte desafinado
cuando aporreas el piano,
hacernos deporte a la par,
abrazarte si es que los vecinos
discuten esta noche.

He echado de menos
la calma,
la risa,
los días
con sus noches,
ese orden tan nuestro,
saber que ese era el lugar
en el que debía estar
y era contigo.

He querido odiarte,
volver
y volver a odiarte,
enfadarme con tu mirada ausente,
perdonarte las despedidas,
negarte la palabra,
borrar todos tus números,
olvidar el camino
hacia tu casa.

He sufrido tus ausencias
para aprender
a disfrutar mis soledades.

Vivirte fue un problema
desde el momento
en que dejé de ser yo.

Son las doce de la noche,
acabo de cerrar la puerta
con las llaves
que un día
hice para ti.

He elegido una nueva
mejor canción,
leído tres poemas
que no hablan de nosotros,
me he dado
las buenas noches
y así
creo que por fin
ya no
te echo
de menos.

Pero miento tan mal...

-Cuando tú ya no.  Saray Alonso-

domingo, 8 de enero de 2017

2 O 1 7

De nada sirve preocuparse por lo que está por venir. Hasta el mejor vidente puede equivocarse. La anticipación del futuro solo nos ennegrece el presente. Todo puede pasar, todo es posible en este momento. 

La moneda está en el aire. Cualquier giro inesperado puede llevarte al punto totalmente opuesto de donde estás ahora. Y ocurre así, en un segundo, en un abrir y cerrar de ojos. 

Todo es posible. 

Así que grita hasta agotar el aire de tus pulmones, baila hasta que te duelan los pies, corre bajo la lluvia, no mires atrás, déjate la piel en el camino. 

Gástame los labios, ahógame en un abrazo, píntame con caricias, qué nos sobren las palabras, qué nos falte el aliento. Piérdete en mis ojos, duérmete entre susurros y suspiros, quédate con este momento, quédate mi risa.

Y lo que tenga que ser, será. Nada de anticipos. Carpe diem. Laugh out loud. La filosofía que más te guste. Qué más nos da mañana. Tenemos el hoy.




-Tenía tantas ganas como miedo-