jueves, 28 de diciembre de 2017

Some dreams

A veces tengo un sueño repetido. Es un sueño silencioso. De actos y no de palabras.

Siempre tiene el mismo principio y el mismo final. En algunas ocasiones, cambia el escenario.

Se trata de dos personas, desesperadas, que se encuentran tras mucho tiempo. Mucho tiempo de espera, de búsqueda y de necesidad. Se encuentran e irrevocablemente tienen que acercarse, como si estuvieran unidas por una extraña conexión. La atracción de los cuerpos. Y cuando se acercan y por fin se unen... qué decir...  Se acaba el mundo y se para tiempo. Dos cuerpos que se deshacen de ganas y de anhelos. Dos cuerpos que se funden ahogando la larga espera, sabiendo el poco tiempo que les queda por delante antes de que llegue su hora. Se estremecen dejando brotar cada sentimiento de culpa, de ansia y de deseo al son de cada embestida. Entonando sueños imposibles. Sentimientos cohibidos que por fin salen a la luz, brotan de la piel y se mezclan entre el sudor y las lágrimas.

Y finalmente, se acaba y ocurre así, sin previo aviso. Sale el sol y la imagen cambia de repente. Ellos se van, pero cada uno en una dirección diferente. Siempre el mismo final, la misma sensación amarga.  Ese pudo ser y no fue. Y entonces, la veo a ella. Y se que se queda con el hambre en los labios y el ansia en los dedos, en unos labios que gritan desesperados pidiendo más... Pero ya no hay nadie allí para escucharlos.

Me doy la vuelta al despertarme y la almohada está mojada.

martes, 12 de diciembre de 2017

Todos estamos un poco rotos por dentro

Hay veces en las que apetece tirar la toalla. Tras 37 intentos de avanzar, seguir, rehacer lo deshecho y recomponer los trozos; una ya se cansa de ponerse en pie y curarse las heridas tras haber vuelto a fallar. Y no es solo fallar en sí, es repetir una y otra vez los mismos errores, los mismos golpes en exactamente los mismos sitios. Reabrir las mismas heridas, parar su camino hacia la cicatrización.
Las ilusiones tan rotas que hasta cuesta encontrar los indicios de aquello que un día fue grande, bonito y con todos sus trozos.
Supongo que será todo acostumbrarse, hacerse a los diferentes tonos de gris de la paleta que ahora pinta mi vida.
Hacerse a la desesperanza, a esta sin razón.
Y supongo que tendré que quedarme en el suelo, esperando a ese brazo que tire de mi. No puedo permitirme volver a hacerlo sola, no tengo de donde sacar las fuerzas. Ya no me quedan. No puedo volver a hacerlo, volver a levantarme para volver a caer. Repetir el mismo proceso. Duele demasiado.

martes, 7 de noviembre de 2017


martes, 26 de septiembre de 2017

Cuando te arañan el corazón


Leonardo: Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima. ¿De qué me sirvió a mí el orgullo y el no mirarte y el dejarte despierta noches y noches? ¡De nada! ¡Sirvió para echarme fuego encima! Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad, no es verdad...Cuando las cosas llegan a los centros, no hay quien las arranque.

Novia: (Temblando) No puedo oírte. No puedo oír tu voz. Es como si me bebiera una botella de anís y me durmiera en una colcha de rosas. Y me arrastra y sé que me ahogo, pero voy detrás. 
Resultado de imagen de la novia alex garcia e inma cuesta

Porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire...
como una brizna de hierba.


BODAS DE SANGRE - Federico García Lorca


sábado, 2 de septiembre de 2017

A tus mentiras

Es difícil cuando llevas mucho tiempo queriendo escribir algo encontrar las palabras adecuadas. Algo que se lleva cociendo en tu interior meses, anclado con fuerza en las profundidades de tu ser. Algo íntimo, que no quiere salir, reticente a conocer al mundo exterior.

Lo cierto es que quería escribirte una carta, pero me falta valor. Siempre es complicado empezar con las cosas que duelen. Canalizar los sentimientos en forma de palabras, hacerlos tangibles, convertirlos en algo material... no es tarea fácil. Supongo que cómo todo en la vida, comenzaré por el principio.

La única y primera verdad es que dueles. Me dueles. Han pasado cosas, tiempo de ese que dicen que todo lo cura, y aquí seguimos como si nada. Son mis propios pensamientos los que en forma de penitencia acuden todos los días a recordarme lo que duele(s). El daño que, sí, todavía, me hacen tus mentiras. Y hablo en presente porque ojalá ya fuera pasado, pero aún es pronto para cambiar de tiempo verbal.
Siento los pedazos de mi que quedaron tras tantos golpes, los oígo rechinar con cada paso que intento dar. La película, tú película, no para de repetirse una y otra vez en mi cabeza... mentira tras mentira como si de fotogramas se tratase. El proceso de recomponerme está siendo mucho más difícil de lo que pensaba. Dicen por ahí que quererme a mí misma es la base para empezar cualquier cimiento y este mío no hace más que tambalearse.
Unos recuerdos que vienen y van, la jodida incertidumbre de no saber ya si eran de verdad o eran mentira. El no saber ya qué es lo que vivimos, qué tuvimos, en qué parte de mi historia comenzó todo a ser otro más de tus juegos.
Pero esto no es todo. No sólo me duele el durante,  también me duele el después. Después de estar agarrada a un clavo ardiendo, aferrada a ideas suicidas, muerta por volver a querer confiar, como esa niña inocente que algún día me enseñaron a ser, la historia se repite: vuelta a creer y a darme de bruces contra más mentiras. Tener que lidiar con tu felicidad, qué a ojos externos, parece muy de verdad. Saber que igual ahora, en brazos ajenos, quizás no sea todo mentira. Quizás ahora sí que alguien se merezca tus verdades.
No te imaginas lo que cuesta recomponer los pedazos, recoger y encontrar todas las piezas del puzzle. Muchas las había perdido por el camino... Qué te vas a imaginar tú... que le has dado los restos a otra para que los rehaga por ti.
Qué vas a saber tu de lo jodido que es mirarse al espejo todos los días y no encontrar el problema, mirarte y no reconocerte. Qué vas a saber lo que es vivir en un presente inundado del pasado. Qué vas a saber del dolor, si lo rehuyes en brazos ajenos. Qué vas a saber lo complicado que es levantarse cuando se carece de ayuda externa. Qué vas a saber lo que es que todo al final se reduzca o compare a ti. Qué vas a saber lo que se siente al ver que tus promesas, exactamente las mismas, eran predicados vacíos con sujetos fácilmente intercambiables.
No sabes nada. Pero ni tú ni nadie lo sabe. Un grito desesperado. Otra noche más de insomnio, batiendo récords de Sabina. Bandas sonoras tristes y al final, siempre la misma canción, siempre la misma pregunta, siempre el mismo desenlace. Duele, dueles, ¿cuándo pararás?


miércoles, 19 de julio de 2017

injuries

In trauma, we're concerned with one overriding question. How did this happen? What was the mechanism of injury? How do we see past the mess and confusion of the trauma to figure out what the damage actually is? Every part of a trauma tells a different piece of a story. And until you look at each and every injury, you can't see what went wrong.

We talk about the mechanism of injury, about where it all started, but the truth is, it's sort of a myth. We can't boil every injury down to one single blow. What hurts us is cumulative. It happens over time. We absorb blow after blow, shock after shock, painful hit after hit. But even then, even if we know exactly how we got here, it doesn't mean we can fix it. You can't heal every wound, and that's okay. I have to believe it's okay. I have to believe that even if something seems like it cannot be fixed, it doesn't mean it's broken.

domingo, 14 de mayo de 2017

Cuando te plantas a las 6:30 a.m. en una estación, lista "Lloreras" de Spotify con unos auriculares de estos que se te clavan hasta el lóbulo temporal y empiezas a pensar. Lo primero, qué malo es el alcohol. Lo segundo, me puede dar por varias cosas... pero cuando me da por la melancolía, no hay quien me pare. Y es que qué de momentos hemos vivido todos en estaciones... Y en aeropuertos. Y dónde queráis. Miles de veces nos hemos despedido pensando que se acaba el puto mundo, lágrima en ojo izquierdo (soy zurda) y kleenex en mano. Decir adiós es horrible. Despedirse es una tortura digna de museo de los horrores. Malditas estaciones y maldita sensación cuando te vas (o se van) de dejar algo atrás. De no saber cómo irá todo cuando vuelvas. De no saber si seguirá todo igual. Si tú serás diferente. Abrazos cargados de emoción, miradas que lo dicen todo. Cuando sobran las palabras.

También está la otra parte. La que no habla de adiós ni de despedidas. El esperar la llegada. La de los regresos, las esperas de 5 minutos que podrían ser toda una vida. Las ganas. Los nervios. El "ya está aquí ". La expectación. La parte buena. Sigues siendo tú, una maraña de nervios, un flan. La esperanza de que todo siga igual. El no saber ni qué decir. El dejad hablar a los abrazos. Qué bonita la vida, qué te vuelve a reunir.

Son las 7 de la mañana y sale el sol. Hay amaneceres y amaneceres. El sol lo pinta todo de tonos diferentes de rosa. 

 Son las 7 de la mañana y no puedo dormir.