martes, 19 de marzo de 2019

keep believing

Soy una persona muy optimista. Me he dado cuenta últimamente.
Puedo haberme llevado muchas desilusiones, haber fracasado cincuenta millones de veces que aun así no lo paro de intentar.
La gente me insiste en parar, en dejarlo estar. Pero no puedo.
Es superior a mis fuerzas.
Hay algo en mí que me empuja a seguir.
Y lo sigo intentando, después de cada golpe, después de andar dando palos de ciego.
Últimamente siempre va mal... pero confío. Creo. Sigo.
Y llegará.
Todo llega.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Me pregunto

Yo también puedo escribir una jodida historia de amor.

Esto fue lo que soltó el escritor Carlos Salem, el Bukowski de Malasaña,
dando un sonoro puñetazo a la barra del bar,
cuando un amigo le comentó durante una noche de borrachera que jamás sería capaz de escribir una historia de amor bonita.

O una historia de amor a secas.

Estoy pensando en esta anécdota que dio origen al libro que estoy (re)leyendo estos días, mientras espero a que me traigan el café que acabo de pedir.

La camarera, con cierto aire chulesco y mascando un chicle de menta tal y como haría un koala con una rama de eucalipto, deposita mi café en el único rincón que queda libre en la mesa entre tanto periódico abierto.

Estoy sentado en MI mesa, que da a una gran ventana desde la que puedo ver la calle Alcalá con el Retiro de fondo. Lo cierto es que no se trata de MI mesa strictu sensu, sino que existe un acuerdo tácito con el resto de camareros y parroquianos, como ocurre con el sofá de Friends del Central Perk, para que yo ocupe esa mesa cuando voy. Me la he ganado a base de cafés y gin tonics.

- Aquí tienes tu cortado- me suelta la camarera, sin mirarme, inundando el plato del café desbordante de la taza.
Odio cuando ocurre esto.

Y, como siempre, me lo han puesto a una temperatura fantástica para hervir una langosta pero no tanto para beberlo sin sufrir quemaduras de tercer grado en el esófago.

Mientras espero a que el café se enfríe , clavo la vista en la enorme ventana, tal vez por encontrar inspiración mientras veo a la gente pasar por las frías calles.

Y de pronto, el mundo se detiene en seco, y con él, el ruido del bar, los coches de la calle, la hoja que se cae de aquel árbol y el viento.

Porque estás ahí de pie, esperando un  taxi, y es como si el tiempo no hubiera pasado, o como si hubiera pasado y te hubieses estado arreglando desde aquel último día que te vi, porque estás obscenamente guapa. Ridículamente guapa. "Pongan-aquí-el-adverbio-que-quieran" guapa.

Doy un pequeño sorbo al incandescente café, sin apartar la mirada de ti, y me siento como uno de esos policías de las películas americanas, observando a través del cristal por el que puedes mirar y oír al sospechoso a punto de ser interrogado, mientras estudio tu lenguaje corporal y tu forma de ponerte de puntillas para ver si viene un taxi libre.
Y empieza el interrogatorio. 


Y me pregunto qué te parecerá el nuevo James Bond, tú que fuiste siempre tan de Pierce Brosnan. Me pregunto con quién beberás las copas ahora hasta las tantas y si sigues defendiendo que DINOSAURIO es una opción perfectamente válida como animal cuando juegas al STOP.

Me pregunto si seguirás oliendo a Nivea, si continúas diciendo que has perdido el móvil de cada restaurante del que sales, si sigues siendo tan nefasta jugando a las palas y si sabes que por fin me leí el puto libro de los Pilares de la Tierra y que tampoco me gustó tanto porque cada página me recordaba a ti y que me acabó dando igual la construcción de la catedral porque yo siempre fui más de empezar las casas -y las catedrales-  por el tejado. Como aquel tejado al que te daba miedo subir pero desde el que se veía todo lo que había que ver por la noche. Y tú me preguntabas por las estrellas y yo me inventaba los nombres, las historias y el origen de cada una solo para impresionarte. Siempre fui un farsante con gracia. Pero eso ya lo sabes.

Y me pregunto si te sigue poseyendo el espíritu megalómano y conquistador de Gengis Kan cada vez que juegas al Risk. Me pregunto si te sigue gustando Viggo Mortensen, las canciones de Norah Jones y beber el café frío. Me pregunto si sigues manteniendo que el helado en tarrina es una blasfemia y el cucurucho de chocolate, una excentricidad. Me pregunto si te seguirá extrañando que me guste Tom Waits. Me pregunto si alguna vez supiste lo que me encantaba que untaras la mantequilla a las tostadas y lo bien que te quedaba el olor a pan quemado.

Me pregunto si sabes que a veces te confundo por la calle con otras chicas y se me incendia algo en el pecho. Me pregunto si sabes que cada noche de verano que salgo por Cañadío te imagino saliendo de un bar, con tu ron-cola en la mano, tan negro como tus ojos, como aquel vestido, como las piezas de ajedrez que siempre elegías y como el anillo que llevabas y que ya no llevas por lo que veo ahora con mis ojos, que no son negros ni falta que les hace porque con los tuyos nos vale, nos basta y nos sobra.

Me pregunto si sabes que soy yo el que escribe por aquí, si sigues llorando con los bodrios de Kevin Costner y si te imaginas que cada puta vez que oigo una canción de los Secretos me acuerdo de ti. Me pregunto si eres más de Facebook, de Twitter o de ninguno, si usas Blackberry o iPhone, si alguna vez has pensado que cuando te conocí no existía Youtube,  si te seguirá desesperando que no sepa jugar al mus, si tus pestañas siguen pareciendo juegos de mano de un mago y si alguna vez volverás a pedirme que te cuente historias de piratas.

Me pregunto si te acuerdas de cómo me indignaba cuando decías que preferías a Elton John antes que a Sinatra. Me pregunto si sabes que estoy convencido de que ves Gossip Girl y que jamás lo confesarías para que no te diera la brasa, tal y como te la daba por ver Sexo en Nueva York y no mis "series de intelectual". Me pregunto si llegaste a hacerme caso y viste alguna. Y me pregunto si sabes que hace no mucho me tragué las seis temporadas de Sexo en Nueva York solo porque tú la veías. Me pregunto si sabes que no me gustó nada pero que soy mucho más de Aidan que de Big y que no soporto a la tal Miranda. 

Me pregunto si te acuerdas de cuándo hablábamos andando por Madrid de vivir en Nueva York y volar a Venecia, para beber vino francés, yo disfrazado de escocés y tú de geisha japonesa. Y me pregunto a quién coño querrías engañar tú de geisha, con esa piel de aceituna que tienes. Me pregunto si sabes que ahora me encantan los toros y que me acuerdo de ti cuando voy a Las Ventas. Me pregunto si sigues apostando a los caballos más flacuchos porque te dan pena. Me pregunto si sigues tan verbenas o si eres más de quedarte en casa. Me pregunto si sabes que todas las canciones hablan de ti (menos las de Pitbull). Me pregunto si sigues presumiendo de ganar a cualquiera a un pulso chino. Me pregunto si coincidiré contigo en una boda y si me pondré nervioso al saludarte o si me dará lo mismo. Me pregunto si sabes que las dos opciones me angustian por igual
Me pregunto si sabes que no hay nostalgia peor que añorar aquello que nunca jamás sucedió.

Me pregunto si sabes que te estoy viendo por esta ventana.

Me pregunto si sabes que no te voy a saludar y que me voy a quedar aquí sentado, viendo cómo te tocas el pelo, mucho más corto que como lo llevabas aquel junio que vivimos peligrosamente juntos.

Me pregunto si sabes que la vida son dos cafés. Un café como el cortado que me acabo de tomar. Así que ya solo queda uno. Y tú te has subido a ese taxi. Y tal vez no vuelva a verte en años.

Y me pregunto si sabes que eres mi jodida historia de amor. O mi historia de amor jodida.

Nos bebemos en los bares, querida.

(texto un guardián en el centeno)

miércoles, 9 de mayo de 2018

Mi reflexión de un Martes a las 2 de la mañana

En ocasiones hay libros que desgarran el alma. Hay libros de esos que te abren en canal, te hurgan en lo más profundo y te vuelven a sacar al exterior partes que ya tenías más que enterradas. Libros que te destapan viejas heridas para echarles agua con sal.

Esto ocurre especialmente cuando ves una parte de ti dentro de una historia. Cuando ves parte de tus sentimientos reflejados en forma de papel y letra. Y puede llegar a doler. Es cierto eso que dicen de que nadie sale ileso de un buen libro. Y no tiene por que ser bueno... Tiene que tener parte de ti.

Hoy he acabado una saga sobre una chica en la que he visto muchas partes de mi. Y, joder, cómo me ha dolido. Me ha recordado facetas de mi que ya tenía más que olvidadas. Me ha recordado cuando una vez... quise creer. Y lo quise con todo mi ser. Claro está que no pude.

Mas de 1000 páginas de amor desgarrador del que te hace temblar hasta el alma. 1000 páginas de una de esas historias con reproches y reconciliaciones salvajes. 1000 páginas de necesidad inconsolable, de anhelo desmedido. Y 1000 páginas de intentar que algo salga bien... cuando todos sabemos que eso es, a veces, imposible. Y eso es lo que más duele: el ver que en ciertas ocasiones (como en esta historia) si podría haber funcionado.

¿Pero cómo iba a hacerlo en la vida real? ¿Cómo se puede querer creer en algo cuando una cosa tan importante como la confianza está hecha añicos?

Hoy me he visto en Valeria. En la Valeria indefensa y vulnerable; y en una Valeria con miedo a creer y a sufrir por ello. Y todo esto me ha recordado a algo que no quiero ser, pero fui durante mucho tiempo. Ya no quiero ser todas esas cosas. Yo quiero ser fuerte como a partir de ahora estará marcado para siempre en mi costado. Y me entristece saber que para ello tengo que dejar de preguntarme el tan famoso "qué habría pasado si".

Me entristece saber que, como Valeria un día, yo también me sentí sobrellevada y apabullada con tanta emoción y tanto amor desenfrenado. Y me entristece saber que ya que mi vida no es un cuento, prefiero cambiar las grandes emociones, las que te vuelven loca... por otras menos intensas pero en las que sí pueda creer sin salir destrozada en el camino.

Supongo que eso es lo que pasa con las grandes emociones... no dejan a nadie indiferente en el camino. Es imposible, al igual que pasa con los libros, salir entero y sin heridas de guerra.

Supongo que a esto se le llama crecer. A saber que dos trenes de mercancías acaban chocando inexorablemente a no ser que vayan en direcciones opuestas. Y a aprender a vivir con ello.

jueves, 12 de abril de 2018

El filo de tu boca

Que ya he decidido que no puedo salvarte. 
Ni a ti, 
ni a nadie. 
Que necesito que me salven a mí por una vez en la vida.

Lo tengo muy claro.

Y entonces...
esbozas esa medio sonrisa, tan tuya. 
Y me caigo por el filo de tus labios. 
Me tiro por ese precipicio que es tu sonrisa. 
Me dejo ir, 
me pierdo.

Se me olvida que quiero salvarme; 
lo único que necesito es vivir en tu boca. 
No se me ocurre lugar mejor
donde perderme;
y quizás...
volver a encontrarme.

Quién sabe si para salvarse
lo único que hay que hacer es
caer
al vacío.

Caer...
por el filo de tu boca.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Café caliente

Ya es primavera. Cualquiera lo diría... Un manto de nubes grises llora y cubre el cielo. Es sábado y he decidido levantarme pronto. Ya no hay calefacción y disfruto con los pequeños placeres. 

Estoy sentada en la cocina con mi pijama favorito: tu camiseta, tu olor y tus caricias encima.  Café caliente en mano y yo perdida en la lluvia. Cierro los ojos y disfruto de esta sensación, de mi piel erizada del frío y del recuerdo de tus manos no dándome tregua tan solo unas horas atrás.

Parece que la situación no podría mejorar... hasta que llegas tú, en silencio. Me apartas el pelo del cuello y te acercas. Me das un sencillo beso en ese lugar secreto que tan bien ya conoces a sabiendas de que con tan sólo eso, yo ya estoy perdida.

Sabes que no soy una persona de mañanas y lo mucho que me gusta la lluvia... así que sin mediar una palabra me levantas, ocupas mi lugar y me coges. Me pones en tu regazo, mi sitio favorito del planeta tierra, y ya no hay frío... pero sí que sigue mi piel erizada, siempre has sabido causar esa sensación en mi. 

Entrelazas tus manos con las mías y te quedas a vivir en ese rincón de mi cuello que ya se sabe tuyo. Y vemos un rato llover... hasta que entre los dos dejamos en ridículo al calor del pobre y triste café. Ahora la lluvia será testigo. Y quizás algún vecino también. Hemos creado primavera en la cocina. Creo que a partir de ahora será mi estación favorita. 


domingo, 25 de marzo de 2018

Crecer

Creo que he soportado el dolor más profundo que nunca imaginé. Sí, ese que se describe en tantas canciones y poemas como  el más desgarrador. Ese tipo de dolor que literalmente te desarma por dentro y te hace pedazos el alma. Ese que hace posible que la frase “le rompieron el corazón” sea algo real, posible y tangible. Nunca piensas que te pueda llegar a ti, que te vayas a convertir en el protagonista de tan triste escena. Y entonces el día llega. Y escuchas mientras te clavan los ojos en las entrañas algo así como “no te quiero lo suficiente” y en ese preciso instante, todo se desvanece y nada parece ya importar. Yo lo llamo la crueldad de las palabras. Cómo 9 sílabas pueden cortar más que el más afilado de los cuchillos. 

Creo que he soportado el dolor más profundo que nunca imaginé. Lo he soportado y lo he superado. Me ha hecho más fuerte y tras una larga lucha por fin puedo decir qué he recompuesto todos los pedazos. Me he levantado y me he sacudido el polvo, he dado mis primeros pasos, más segura que nunca. Estoy lista para volver a entregarlo, de una pieza y sin tiritas. Y sobretodo sin tener que suspirar después: “oh, ahí va mi pobre corazón”.


lunes, 29 de enero de 2018

Como una bella herida

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"Querido David, Hace mucho que no sabemos nada el uno del otro y he tenido el tiempo que necesitaba para pensar en mí.
¿Recuerdas cuando me dijiste que deberíamos vivir juntos y ser infelices para poder ser felices? Considera una prueba de lo mucho que te quiero el haber pasado tanto tiempo desgastándome en el intento para ver si funcionaba. Pero…una amiga me llevó a un sitio impresionante el otro día, se llama el Augusteum (Octavio Augusto lo construyó para que albergara sus restos). Cuando llegaron los bárbaros lo arrasaron, junto con todo lo demás. El gran Augusto, el primer Gran Emperador de Roma, ¿cómo podría haber imaginado él que Roma, o lo que para él era el mundo entero, acabaría un día en ruinas? 
Es uno de los lugares más silenciosos y solitarios de Roma, la ciudad ha ido creciendo a su alrededor durante siglos, es como una…bella herida, es como un desengaño amoroso al que te aferras, por el placer del dolor. Todos queremos que…nada cambie, David. Nos conformamos con vivir infelices porque nos da miedo el cambio, que todo quede reducido a ruinas, pero al contemplar ese sitio, el caos que ha soportado, la forma en la que ha sido adaptado, incendiado, saqueado y luego hallado el modo de volverse a levantar…me vine arriba; A lo mejor mi vida no ha sido tan caótica, y es el mundo el que lo es y el único engaño es intentar aferrarse a ella a toda costa. Las ruinas son un regalo, las ruinas son el camino a la transformación.
Incluso en esta ciudad eterna, el Augusteum me ha enseñado que debemos estar siempre preparados para infinitas oleadas de transformación; los dos nos merecemos algo más que estar juntos por tener miedo a sufrir si lo dejamos."



Texto película Come, reza, ama