lunes, 13 de enero de 2014

Inspiración sobre mi propia inspiración

Hace mucho tiempo que no encuentro nada que realmente despierte mi curiosidad. ¿Me estaré volviendo una persona simple y plana? Espero que no. Por mi bien.
 La inspiración es algo que viene y va, que de repente aparece en el momento menos esperado y te obliga a desviar tu mente a lugares insospechados, te obliga a volar lejos, a salir de tu cuerpo en una especie de viaje extracorporeo. Hace ya tiempo que eso no me pasa, que algo no me atrapa de la manera que os acabo de explicar... Y qué rabia me da joder. Con la felicidad, y a la vez ligera angustia, que despierta en nuestro ser el estar total y completamente intrigados por algo que sabemos que nadie más se ha puesto a valorar. El intringulis de poder llegar a nuestra propia conclusión sobre nuestra pequeña y secreta obsesión, la tranquilidad que eso despierta y la emoción de haber descubierto uno de nuestros grandes enigmas internos. Lo echo de menos...

Así que querida inspiración, querida mente curiosa y traviesa ansiosa por descubrir... Volved a mí. Porfiplus. No quiero ser simple y plana.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

No strings attached

La distancia es como un monstruo feo, grande, verde y peludo. Pero no peludo guay y adorable como un abrigo de bisón, no. Peludo como un bicho de estos asquerosos... Una tarántula por ejemplo. Puag.
A lo que íbamos, que me voy con mucha facilidad por las ramas. La distancia es, para que me entendáis, lo que de pequeños concebíamos como un monstruo, escondido debajo de nuestra cama o detrás de la puerta o dónde sea, pero esperando a salir en cuanto nos entre un poco el sueño, esperando a hacer su aparición estelar y volvernos locos, asustarnos, dejarnos tontos o lo que más os guste. Lo comparo porque con la distancia pasa lo mismo, es algo que esta ahí, escondido esperando a pillarnos y volverse tangible. Pasa de ser un miedo que nos quita el sueño a una realidad acojonante.
De repente estás cerca, te ves, te tocas, te dejas llevar y de repente, en tan solo un pestañeo... ya no hay nada. Ni te ves, ni te tocas, ni te puedes dejar llevar. Te quedas quieto un rato, en el sitio, deseando que exista una máquina del tiempo, un tele-transportador o cualquier invento de gama parecida, cagándote en los miseros avances de la tecnología y con el corazón en un puño. Normalmente con una pregunta rondándote la cabeza... ¿y ahora qué?
El monstruo feo, grande, verde y peludo ha salido de su escondite. Bu. ¿Ha conseguido asustarte?. Si la respuesta es que no, esto no es apto para gente con horchata de chufa en las venas. Si la respuesta es que sí, enhorabuena, eres bienvenido al club.
Claro está que no es el mismo tipo de distancia la que siente el que se queda, que la que nota el que se va. Un poco como la lucha de David y Goliat, los dos en forma espacio-temporal. Os dejo que os toméis la libertad de decidir cuál es cuál. Dos distancias de mismos kilómetros y diferentes magnitudes.
Pero bueno... independientemente de los kilómetros, las magnitudes y demás variables a considerar... No sé, supongo que yo mataré monstruos por ti. Por muy feos, grandes, verdes y peludos que sean.


martes, 25 de junio de 2013

Los capullos no regalan flores

Después de un largo y fatídico mes de experimentación me dispongo a concluir que sí, efectivamente, las mujeres son de  Venus y los hombres de Marte y que además de eso, tengo un imán para atraer a todo tipo de posible capullo existente en la interfaz de la Tierra.
Con tanto planeta normal que nos hagamos la picha un lío.
Con todo esto quiero decir, simple y llanamente, que da igual cuanto nos esforcemos, que nos entreguemos poco, mucho o nada, que hagamos lo que hagamos el comportamiento del bando contrario va a seguir escapando a nuestro uso de la razón. 
Puedes ser Teresa de Calcuta, todo amor, o el mismo Satán personificado que algo va a fallar siempre. Pip. Error. La ecuación no se puede resolver. Te falta un poquito de aquí, te sobra un tanto de allá.

Ya va siendo hora de caer del pino y, por mucho que joda, darse cuenta de que en vez de a la Oca, los de Marte prefieren que juguemos a "de decepción en decepción y vete con el próximo que toca". Así que es lo que nos toca, esperar con las manos bien abiertas a que llegue una más, otra decepción, una de tantas... 

Pero bueno, tampoco pasa nada, si total luego cuando te sales de la tabla de decepciones te pasas el día bostezando... Somos así de caprichosos oye.

Mucho masoquismo y muy pocas flores.
Eso es todo amigos.

domingo, 14 de abril de 2013

Daylight

Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la mano con la medicación, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan cierto. Te tomarán por loca, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar.

Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.

Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos... nah.

A lo que iba.

Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no.

Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal.

Eso sí, cuando sepas de mí, intenta no dar portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días, meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los acogiese, los escuchase y les diese calor. Son aquellos recuerdos que fabricamos juntos, con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue, son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar exquisito.

Dales cobijo. Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención.

Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.

Nada de todo esto debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final.

A partir de ahora, tú tranquila, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.

Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonta y disimula.

Haz ver que me olvidas.

Y me acabarás olvidando.

De verdad.


sábado, 6 de abril de 2013

Mi yo sufrido(r)

Hay muchos momentos en mi día a día que me hacen plantearme un montón de cosas. A la hora del café, esperando al autobús o simplemente mirando por la ventana mi yo pensador me sale por la cabeza y me dice que me ponga a reflexionar. El título de hoy es mi yo sufridor, y ahora mismo me acabo de referir a mi yo pensador, veréis, no es que esté loca, ahora os lo explico: todos nosotros estamos formados por una serie de mini yo que se alternan al mando de nuestro pensamiento, haciendo que focalicemos nuestra mente en unas cosas o en otras, según corresponda (lo he descubierto leyendo un libro, mi reciente y última forma de inspiración).

Pues bien, Anna Karenina, una sufridora en letras mayúsculas, de la A a la Z. Supongo que todos habréis oído hablar de ella, sino siempre podéis preguntarle a Tolstoi, que os ponga un poco en situación. Ella era una sufridora y yo también, no lo soy siempre claro está, solo cuando mi yo sufridor coge las riendas.

Estamos hechos, en gran parte, para sufrir, para experimentar el dolor y en muchas ocasiones alimentarnos de él. Va, reconocelo, a todos nos gusta de vez en cuando hacer de tripas corazón, regocijarnos en vuestra propia desdicha. Experimentar el dolor, sentirlo en nuestras venas, ver como nos quema por dentro y nos hace sentirnos vivos. Experimentarlo de tal forma que podamos exprimirlo tanto que llegamos a convertirlo en algo más banal y llevadero. El dolor el obligatorio, el sufrimiento es opcional. Opcional y tangible. Opcional y vivo. Pararos a pensarlo, sentirlo hasta la punta de los dedos. Vivid.

Así cuando estéis felices, cuando el mini yo que está al mando sea el bueno de la peli, todo será más intenso.


"There can be no peace for us, only missery and the greatest happiness"

miércoles, 30 de enero de 2013

Radioactive.

Soy de esas personas que se pasarían la vida viendo como sale y se pone el sol, admirando el juego de colores que se forma entre el cielo, las nubes, y si tenemos suerte, el mar. Llamadme romántica si queréis pero, me pasaría así la vida, sentada al borde del mar o en la cumbre de una montaña siendo testigo de cómo cada día que pasa nos sorprende con una combinación nueva para nuestros ojos y el deleite de nuestros sentidos. Y le pondría banda sonora. Banda sonora a cada una de esas formas de nube y a cada color entremezclados con mis pensamientos. Así tendría amaneceres cálidos y soñadores, que me abrazan inquietos por el nuevo día que está por venir y anocheceres trágicos y melodramáticos que pondrían punto y seguido a un terminado día, triste porque se va su compañero el sol.



miércoles, 9 de enero de 2013

Life while we're young

Si quieres te cuento por qué te quiero, si quieres te cuento por qué no.


Somos lo que somos por todo lo que nos ha llevado hasta aquí. Por todo lo que hemos vivido hasta ahora. Por toda la gente que nos ha acompañado y nos ha dejado en el camino. Por las pequeñas cosas, los pequeños detalles, que nos han alegrado los días y nos han hecho darnos cuenta de lo valioso que es esto que tenemos. Por estar tristes un día y saltando otro después. Por poder reír y llorar al mismo tiempo. Por nuestros miedos, nuestros sueños y nuestros deseos más secretos. Por todo esto y por mucho más, nos construimos poco a poco, somos lo que somos. O mejor dicho, somos capaces de ser quienes queremos ser. Yo soy como soy y lo que soy, en parte, lo soy por ti.




Gracias.