Ecuación imperfecta. El punto justo en temas del corazón es imposible de captar dado que, por alfa o por jota, o te sobra de aquí, o te falta de allá o ni pa' ti, ni pa' mi. Cada persona es un mundo, cada uno es cada uno (y k2 una piragua..) y la ecuación imperfecta no hace otra cosa más que cambiar en función del sujeto de estudio. Consideres la variable que consideres, lo siento, pero te vas a equivocar. La ecuación no te dará un bonito número redondo, entero y real. Vaya despropósito. Ejemplo de posibles variables a considerar en este problema matemático podrían ser, por ejemplo:
Abrirse... es contraproducente pues te relajas demasiado. Pareces vulnerable... No es bien.
Ser terriblemente cruel... es contraproducente porque te estresas demasiado. Te sientes el hijo de satán... No es bien.
Callarse las cosas es contraproducente ya que te colapsas demasiado. Se te hincha el cerebro...Y no, tampoco es bien.
Y así podría seguir un rato largo más... pero no me apetece, que no son horas.
Esto es un lío. Que venga Einstein, a ver si él nos hecha una mano. O las dos.
A dejarse fluir... como el agua. Be water my friend.
martes, 29 de abril de 2014
jueves, 6 de febrero de 2014
palomas
Cuando somos pequeños son muchas las opciones que aparecen en nuestro abanico de posibilidades futuras. ¡Mamá, quiero ser astronauta! ¡Mamá, hoy quiero ser actriz! ¡Mamá, quiero ser millonaria! Al final, vamos creciendo y nuestras ideas de grandeza se van aproximando a algo más factible y certero, digamos del tipo de médico o abogado, ingeniero o diseñador gráfico, veterinario o carpintero... Nuestros planes de ser el tercero en pisar la luna, el próximo ganador de un Oscar o el siguiente Bill Gates se van a la recamara de nuestras ya más maduras mentes. Pero aun así, siempre queda hueco para nuestros sueños más secretos, esa ambición oculta que de cuando en cuando asoma la patita por la recamara.
A mi por ejemplo, desde hace un tiempo atrás, se me antoja escribir cosas. Claro está que ojalá salieran cosas buenas y no solo estás cuatro reflexiones que dejo por aquí algún que otro día hablando casi para mi misma. A quién le importan mis tormentos de post-adolescente... Esto es como ir a un psicólogo, pero gratuito, una forma de sincerarse y abrirse con uno mismo. Lo que se escribe no es más "que un reflejo del propio alma del que lo hace".
Personalmente me encantaría poder hacer algo como lo que me ha pasado esta tarde con un libro, poder llegar a transmitirle a alguien. Transmitir con palabras algo que atraviese al receptor como un balazo, que le deje en el sitio, emocionado, con el aliento fuera y el alma encendida. Algo que despierte a la otra persona, que le y le de para pensar. Me gustaría ser capaz de transmitir la misma sensación única que he experimentado esta tarde aspirando las últimas letras de una obra de arte en forma de libro. Perturbar con mis pobres palabras que no valen nada.
Supongo que todos tenemos nuestros sueños, nuestras aspiraciones y nuestras pequeñas y secretas ambiciones. Pero shh, que quede entre nosotros ;)
A mi por ejemplo, desde hace un tiempo atrás, se me antoja escribir cosas. Claro está que ojalá salieran cosas buenas y no solo estás cuatro reflexiones que dejo por aquí algún que otro día hablando casi para mi misma. A quién le importan mis tormentos de post-adolescente... Esto es como ir a un psicólogo, pero gratuito, una forma de sincerarse y abrirse con uno mismo. Lo que se escribe no es más "que un reflejo del propio alma del que lo hace".
Personalmente me encantaría poder hacer algo como lo que me ha pasado esta tarde con un libro, poder llegar a transmitirle a alguien. Transmitir con palabras algo que atraviese al receptor como un balazo, que le deje en el sitio, emocionado, con el aliento fuera y el alma encendida. Algo que despierte a la otra persona, que le y le de para pensar. Me gustaría ser capaz de transmitir la misma sensación única que he experimentado esta tarde aspirando las últimas letras de una obra de arte en forma de libro. Perturbar con mis pobres palabras que no valen nada.
Supongo que todos tenemos nuestros sueños, nuestras aspiraciones y nuestras pequeñas y secretas ambiciones. Pero shh, que quede entre nosotros ;)
lunes, 13 de enero de 2014
Inspiración sobre mi propia inspiración
Hace mucho tiempo que no encuentro nada que realmente despierte mi curiosidad. ¿Me estaré volviendo una persona simple y plana? Espero que no. Por mi bien.
La inspiración es algo que viene y va, que de repente aparece en el momento menos esperado y te obliga a desviar tu mente a lugares insospechados, te obliga a volar lejos, a salir de tu cuerpo en una especie de viaje extracorporeo. Hace ya tiempo que eso no me pasa, que algo no me atrapa de la manera que os acabo de explicar... Y qué rabia me da joder. Con la felicidad, y a la vez ligera angustia, que despierta en nuestro ser el estar total y completamente intrigados por algo que sabemos que nadie más se ha puesto a valorar. El intringulis de poder llegar a nuestra propia conclusión sobre nuestra pequeña y secreta obsesión, la tranquilidad que eso despierta y la emoción de haber descubierto uno de nuestros grandes enigmas internos. Lo echo de menos...
Así que querida inspiración, querida mente curiosa y traviesa ansiosa por descubrir... Volved a mí. Porfiplus. No quiero ser simple y plana.
La inspiración es algo que viene y va, que de repente aparece en el momento menos esperado y te obliga a desviar tu mente a lugares insospechados, te obliga a volar lejos, a salir de tu cuerpo en una especie de viaje extracorporeo. Hace ya tiempo que eso no me pasa, que algo no me atrapa de la manera que os acabo de explicar... Y qué rabia me da joder. Con la felicidad, y a la vez ligera angustia, que despierta en nuestro ser el estar total y completamente intrigados por algo que sabemos que nadie más se ha puesto a valorar. El intringulis de poder llegar a nuestra propia conclusión sobre nuestra pequeña y secreta obsesión, la tranquilidad que eso despierta y la emoción de haber descubierto uno de nuestros grandes enigmas internos. Lo echo de menos...
Así que querida inspiración, querida mente curiosa y traviesa ansiosa por descubrir... Volved a mí. Porfiplus. No quiero ser simple y plana.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
No strings attached
La distancia es como un monstruo feo, grande, verde y peludo. Pero no peludo guay y adorable como un abrigo de bisón, no. Peludo como un bicho de estos asquerosos... Una tarántula por ejemplo. Puag.
A lo que íbamos, que me voy con mucha facilidad por las ramas. La distancia es, para que me entendáis, lo que de pequeños concebíamos como un monstruo, escondido debajo de nuestra cama o detrás de la puerta o dónde sea, pero esperando a salir en cuanto nos entre un poco el sueño, esperando a hacer su aparición estelar y volvernos locos, asustarnos, dejarnos tontos o lo que más os guste. Lo comparo porque con la distancia pasa lo mismo, es algo que esta ahí, escondido esperando a pillarnos y volverse tangible. Pasa de ser un miedo que nos quita el sueño a una realidad acojonante.
De repente estás cerca, te ves, te tocas, te dejas llevar y de repente, en tan solo un pestañeo... ya no hay nada. Ni te ves, ni te tocas, ni te puedes dejar llevar. Te quedas quieto un rato, en el sitio, deseando que exista una máquina del tiempo, un tele-transportador o cualquier invento de gama parecida, cagándote en los miseros avances de la tecnología y con el corazón en un puño. Normalmente con una pregunta rondándote la cabeza... ¿y ahora qué?
El monstruo feo, grande, verde y peludo ha salido de su escondite. Bu. ¿Ha conseguido asustarte?. Si la respuesta es que no, esto no es apto para gente con horchata de chufa en las venas. Si la respuesta es que sí, enhorabuena, eres bienvenido al club.
Claro está que no es el mismo tipo de distancia la que siente el que se queda, que la que nota el que se va. Un poco como la lucha de David y Goliat, los dos en forma espacio-temporal. Os dejo que os toméis la libertad de decidir cuál es cuál. Dos distancias de mismos kilómetros y diferentes magnitudes.
Pero bueno... independientemente de los kilómetros, las magnitudes y demás variables a considerar... No sé, supongo que yo mataré monstruos por ti. Por muy feos, grandes, verdes y peludos que sean.
A lo que íbamos, que me voy con mucha facilidad por las ramas. La distancia es, para que me entendáis, lo que de pequeños concebíamos como un monstruo, escondido debajo de nuestra cama o detrás de la puerta o dónde sea, pero esperando a salir en cuanto nos entre un poco el sueño, esperando a hacer su aparición estelar y volvernos locos, asustarnos, dejarnos tontos o lo que más os guste. Lo comparo porque con la distancia pasa lo mismo, es algo que esta ahí, escondido esperando a pillarnos y volverse tangible. Pasa de ser un miedo que nos quita el sueño a una realidad acojonante.
De repente estás cerca, te ves, te tocas, te dejas llevar y de repente, en tan solo un pestañeo... ya no hay nada. Ni te ves, ni te tocas, ni te puedes dejar llevar. Te quedas quieto un rato, en el sitio, deseando que exista una máquina del tiempo, un tele-transportador o cualquier invento de gama parecida, cagándote en los miseros avances de la tecnología y con el corazón en un puño. Normalmente con una pregunta rondándote la cabeza... ¿y ahora qué?
El monstruo feo, grande, verde y peludo ha salido de su escondite. Bu. ¿Ha conseguido asustarte?. Si la respuesta es que no, esto no es apto para gente con horchata de chufa en las venas. Si la respuesta es que sí, enhorabuena, eres bienvenido al club.
Claro está que no es el mismo tipo de distancia la que siente el que se queda, que la que nota el que se va. Un poco como la lucha de David y Goliat, los dos en forma espacio-temporal. Os dejo que os toméis la libertad de decidir cuál es cuál. Dos distancias de mismos kilómetros y diferentes magnitudes.
Pero bueno... independientemente de los kilómetros, las magnitudes y demás variables a considerar... No sé, supongo que yo mataré monstruos por ti. Por muy feos, grandes, verdes y peludos que sean.
martes, 25 de junio de 2013
Los capullos no regalan flores
Después de un largo y fatídico mes de experimentación me dispongo a concluir que sí, efectivamente, las mujeres son de Venus y los hombres de Marte y que además de eso, tengo un imán para atraer a todo tipo de posible capullo existente en la interfaz de la Tierra.
Con tanto planeta normal que nos hagamos la picha un lío.
Con todo esto quiero decir, simple y llanamente, que da igual cuanto nos esforcemos, que nos entreguemos poco, mucho o nada, que hagamos lo que hagamos el comportamiento del bando contrario va a seguir escapando a nuestro uso de la razón.
Puedes ser Teresa de Calcuta, todo amor, o el mismo Satán personificado que algo va a fallar siempre. Pip. Error. La ecuación no se puede resolver. Te falta un poquito de aquí, te sobra un tanto de allá.
Ya va siendo hora de caer del pino y, por mucho que joda, darse cuenta de que en vez de a la Oca, los de Marte prefieren que juguemos a "de decepción en decepción y vete con el próximo que toca". Así que es lo que nos toca, esperar con las manos bien abiertas a que llegue una más, otra decepción, una de tantas...
Pero bueno, tampoco pasa nada, si total luego cuando te sales de la tabla de decepciones te pasas el día bostezando... Somos así de caprichosos oye.
Mucho masoquismo y muy pocas flores.
domingo, 14 de abril de 2013
Daylight
Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la mano con la medicación, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan cierto. Te tomarán por loca, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar.
Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.
Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos... nah.
A lo que iba.
Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no.
Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal.
Eso sí, cuando sepas de mí, intenta no dar portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días, meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los acogiese, los escuchase y les diese calor. Son aquellos recuerdos que fabricamos juntos, con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue, son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar exquisito.
Dales cobijo. Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención.
Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.
Nada de todo esto debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final.
A partir de ahora, tú tranquila, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.
Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonta y disimula.
Haz ver que me olvidas.
Y me acabarás olvidando.
De verdad.
Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.
Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos... nah.
A lo que iba.
Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no.
Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal.
Eso sí, cuando sepas de mí, intenta no dar portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días, meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los acogiese, los escuchase y les diese calor. Son aquellos recuerdos que fabricamos juntos, con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue, son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar exquisito.
Dales cobijo. Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención.
Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.
Nada de todo esto debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final.
A partir de ahora, tú tranquila, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.
Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonta y disimula.
Haz ver que me olvidas.
Y me acabarás olvidando.
De verdad.
sábado, 6 de abril de 2013
Mi yo sufrido(r)
Hay muchos momentos en mi día a día que me hacen plantearme un montón de cosas. A la hora del café, esperando al autobús o simplemente mirando por la ventana mi yo pensador me sale por la cabeza y me dice que me ponga a reflexionar. El título de hoy es mi yo sufridor, y ahora mismo me acabo de referir a mi yo pensador, veréis, no es que esté loca, ahora os lo explico: todos nosotros estamos formados por una serie de mini yo que se alternan al mando de nuestro pensamiento, haciendo que focalicemos nuestra mente en unas cosas o en otras, según corresponda (lo he descubierto leyendo un libro, mi reciente y última forma de inspiración).
Pues bien, Anna Karenina, una sufridora en letras mayúsculas, de la A a la Z. Supongo que todos habréis oído hablar de ella, sino siempre podéis preguntarle a Tolstoi, que os ponga un poco en situación. Ella era una sufridora y yo también, no lo soy siempre claro está, solo cuando mi yo sufridor coge las riendas.
Estamos hechos, en gran parte, para sufrir, para experimentar el dolor y en muchas ocasiones alimentarnos de él. Va, reconocelo, a todos nos gusta de vez en cuando hacer de tripas corazón, regocijarnos en vuestra propia desdicha. Experimentar el dolor, sentirlo en nuestras venas, ver como nos quema por dentro y nos hace sentirnos vivos. Experimentarlo de tal forma que podamos exprimirlo tanto que llegamos a convertirlo en algo más banal y llevadero. El dolor el obligatorio, el sufrimiento es opcional. Opcional y tangible. Opcional y vivo. Pararos a pensarlo, sentirlo hasta la punta de los dedos. Vivid.
Así cuando estéis felices, cuando el mini yo que está al mando sea el bueno de la peli, todo será más intenso.
"There can be no peace for us, only missery and the greatest happiness"
Pues bien, Anna Karenina, una sufridora en letras mayúsculas, de la A a la Z. Supongo que todos habréis oído hablar de ella, sino siempre podéis preguntarle a Tolstoi, que os ponga un poco en situación. Ella era una sufridora y yo también, no lo soy siempre claro está, solo cuando mi yo sufridor coge las riendas.
Estamos hechos, en gran parte, para sufrir, para experimentar el dolor y en muchas ocasiones alimentarnos de él. Va, reconocelo, a todos nos gusta de vez en cuando hacer de tripas corazón, regocijarnos en vuestra propia desdicha. Experimentar el dolor, sentirlo en nuestras venas, ver como nos quema por dentro y nos hace sentirnos vivos. Experimentarlo de tal forma que podamos exprimirlo tanto que llegamos a convertirlo en algo más banal y llevadero. El dolor el obligatorio, el sufrimiento es opcional. Opcional y tangible. Opcional y vivo. Pararos a pensarlo, sentirlo hasta la punta de los dedos. Vivid.
Así cuando estéis felices, cuando el mini yo que está al mando sea el bueno de la peli, todo será más intenso.
"There can be no peace for us, only missery and the greatest happiness"
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